Pedir Perdón En Exceso: El “Niño Bueno” En Adultos
“Perdón” puede ser educación. Pero cuando se te escapa por reflejo —por respirar, por ocupar espacio, por decir que no— a veces no es cortesía: es un automatismo relacional. Uno muy típico: el del “niño bueno”.


Qué Significa Pedir Perdón En Exceso
Si pides perdón por todo, suele haber dos capas. La visible: educación, prudencia, “no quiero líos”. Y la invisible: una pregunta antigua que se cuela sin pedir permiso: “¿me van a querer si incomodo?”
Desde una mirada relacional, el “perdón” repetido no se lee como un fallo moral, sino como una forma de regular el vínculo: una manera rápida de bajar tensión y asegurarte (aunque sea un segundo) de que sigues dentro.
Pregunta que suele tocar algo real: ¿a quién le estás pidiendo perdón realmente cuando lo dices sin necesitarlo?
El “Niño Bueno” Como Estrategia Emocional
El “niño bueno” no es un niño “falso”. Es un niño que aprende un algoritmo de supervivencia emocional: si se adapta, si se adelanta, si no da problemas… hay más posibilidades de estar a salvo.
En adultos, esto suele traducirse en pequeñas renuncias constantes:
- Pedir perdón antes de hablar (“perdona, una cosa…”).
- Explicarte de más, por si molestas.
- Sonreír cuando estás incómodo.
- Tragar y luego rumiar.
- Sentir culpa por pedir, por necesitar, por poner límites.
El Automatismo Relacional: Cuando Sale Solo
Lo complicado es que no lo eliges: te ocurre. Es un reflejo. El cuerpo se adelanta para conservar la paz. Y aquí viene lo importante: si este patrón está en ti, probablemente te funcionó.
Te ayudó a encajar, a evitar conflictos, a sostener ambientes tensos, a no quedarte fuera. El problema llega cuando el precio se vuelve alto: desaparecerte un poco cada día.


La trampa del “niño bueno”
No es solo “me porto bien”. Es: me porto bien para no perder el vínculo. Y con el tiempo se te olvida qué querías tú.
En Hombres: El Perdón Como Forma De No Molestar
En muchos hombres, pedir perdón en exceso se mezcla con una idea aprendida: pedir, dudar o necesitar es “molestar”. Entonces aparece una solución elegante y silenciosa: me adelanto, me disculpo, y así nadie me señala.
Por dentro suele sentirse como estar siempre “a examen”. Y eso agota.
En Hombres LGTB: “Mejor Caigo Bien”
Para muchos hombres LGTB, el “niño bueno” tiene una capa adicional: haber aprendido pronto que encajar era una forma de protección. A veces se interioriza un radar: “no sobresalgas”, “no incomodes”, “no des motivos”.
Y eso puede volverse un estilo relacional: agradar antes de existir, pedir perdón antes de ocupar espacio, suavizarte antes de mostrarte.
Si te encaja, aquí tienes el enfoque específico: psicólogo LGTBI en Chamberí.
Pregunta delicada (pero útil): ¿qué parte de ti sigues escondiendo para que te quieran?
Cómo Empezar A Cambiarlo Sin Volverte Frío
La idea no es pasar de “niño bueno” a “persona dura”. La idea es ganar libertad y presencia. No dejar de ser amable: dejar de pedir perdón por existir.
1) Cambia “perdón” por “gracias” (cuando no has hecho daño)
“Perdón por preguntar” puede convertirse en “gracias por escuchar”. Cambia la emoción de base: de culpa a vínculo.
2) Practica el “micro-límite”
No empieces por lo más difícil. Empieza por lo pequeño: “ahora no puedo”, “prefiero esto”, “necesito pensarlo”.
3) Escucha lo que temes que pase
Cada vez que te disculpas sin necesitarlo, pregúntate: ¿qué estoy evitando? (un enfado, un rechazo, quedar como egoísta, sentirme “malo”…).
Libros Que Sostienen Esta Mirada
Si te apetece ir más allá de “tips”, estas lecturas ayudan a entender cómo se forman los patrones relacionales y por qué cambian en relación (en un vínculo seguro):
- Las alas de Ícaro, Stephen A. Mitchell.
- El extraño que sufre, Donna Orange.
- La relación paciente-terapeuta, Joan Coderch.
- Winnicott y la perspectiva relacional en psicoanálisis, Francesc Sáinz Bermejo.
No se trata de “analizarte infinito”, sino de comprender el patrón con cuidado para que pierda poder.
Si esto te pasa, no es que seas “demasiado”
A veces pedir perdón en exceso es una forma antigua de conservar el vínculo. En terapia podemos mirar de dónde viene ese “niño bueno”, qué protege y cómo construir una manera de estar en relación más libre, sin culpa. Terapia presencial en Madrid (Chamberí/Malasaña) y online.
Preguntas frecuentes
¿Pedir perdón por todo es baja autoestima?+
A veces se parece, pero suele ser más preciso hablar de un patrón relacional: pedir perdón para asegurar vínculo y evitar tensión.
¿Qué puedo hacer hoy mismo para empezar a cambiarlo?+
Dos cosas: (1) cambia “perdón” por “gracias” cuando no has hecho daño; (2) practica un micro-límite (“ahora no puedo”, “necesito pensarlo”).
¿Por qué me siento culpable al poner límites?+
Porque tu sistema aprendió que incomodar podía costar afecto o seguridad. La culpa es una alarma, no una prueba de que estés haciendo algo malo.
¿Esto tiene que ver con mi historia familiar?+
Con frecuencia sí. Entornos con crítica, tensión o exigencia favorecen el “niño bueno” como estrategia para calmar el ambiente y conservar vínculo.
¿Cuándo merece la pena trabajarlo en terapia?+
Cuando te agota, te hace callarte necesidades, te mete en relaciones desequilibradas o te deja con sensación de no poder ser tú. Si estás en Madrid, podemos verlo con calma.